por Carlos Urquieta López
En un principio, cuando me decía “ya, si tengo que elegir
una película para partir y listo”, nunca pensé que eso podía ser tan difícil.
¿Cuál hacer? ¿Una vieja o una nueva? ¿Una conocida o una desconocida? ¿Una
buena o una mala? Las posibilidades son prácticamente infinitas, sobre todo
cuando se está partiendo. Así que finalmente, rastreando varias alternativas de
las que he visto en el año, me quedé con la última de Don Coscarelli. Las
razones, después del salto.
John Dies at the End viene a terminar con la ausencia de
diez años del mundo de los largometrajes del director desde Bubba Ho-Tep (sin embargo, en 2005 participó en la
serie de televisión Masters of Horror con la sólida Incident On and Off a Mountain Road).
Coscarelli, más conocido por su gran saga Phantasm (la cual también espero
comentar acá en algún momento), es un artesano del género, de aquellos que han
forjado prácticamente toda su filmografía desde el mundo independiente amparado
por una sensibilidad más cercana a la serie B que a la seriedad del horror más
directo.
La película trata sobre Dave (Chase Williamson), quien decide contarle su historia a un
reportero (Paul Giamatti) luego de que junto a su amigo John (Rob Mayes)
consumieran una desconocida droga llamada salsa de soja. Esta sustancia les
permite experimentar la realidad (o la carencia de ella…) alcanzando límites
desconocidos desafiando el tiempo y el espacio, y entre medio, involucrándose
en un plan para salvar al mundo de unas extrañas y silenciosas manifestaciones.
John Dies at the End es una clara continuación en la
filmografía del director, e incluso funciona como una corroboración de su
estatus como “director de culto”. Resulta más que evidente la tendencia e
inclinación de Coscarelli por material poco convencional, e incluso, lo
potencia aún más con imágenes que sin duda tienen el potencial de quedar
grabadas en la mente del espectador (bigote-que-se-convierte-en-murciélago, ahí
la dejo…). Sin embargo, hay una conciencia de parte del cineasta en la naturaleza
de su propia historia que hace que nunca se la tome muy en serio, lo cual
deriva en un claro beneficio para la película. Todo lo que ocurre en ella es
tan demente, tan loco, que sería absurdo neutralizar su universo interno con
seriedad. El director está claramente al tanto de lo anterior, y es desde allí
que desarrolla su propuesta.
Estructurada bajo una narración no lineal (el tiempo es un océano, no el chorro de una
manguera, como dice un personaje en algún momento) al menos durante la
primera mitad de la película, la historia sí es cierto que sufre de falta de
ritmo en el segundo acto, donde se ve afectada por un avance un tanto lento y
torpe. Sin embargo, es ya en el tercer acto donde la película se encuentra
totalmente cómoda, sintiéndose como el más sólido. Es aquí incluso, donde lo
demente de la propuesta alcanza niveles mayores, apoyándose notablemente en la
comedia, pero la solidez del desarrollo narrativo para este punto hace que el
saldo sea muy positivo.
Finalmente, si bien la película resulta muy satisfactoria,
hay que tener en cuenta que debido a su propuesta puede ser muy polarizadora.
Es difícil que haya punto intermedio: o la película se ama o se odia. Lo
descabellado de la película puede ser tan genial para algunos como imperdonablemente
absurdo para otros. Quizás la mayor fortaleza, y al mismo tiempo, peor
debilidad de la película.
John Dies at the End no es la mejor película de Don
Coscarelli, pero es un gran regreso y continuación en la filmografía de uno de
los directores de género más interesantes trabajando en la actualidad. Es de
esperar que no tengamos que esperar otros diez años para su siguiente película.
Trailer:

