Desde que se anunció esta película, o más particularmente, desde que se liberó su primer tráiler, This is the End destacó rápidamente por lo descabellada y curiosa de su propuesta. Celebridades hollywoodenses interpretándose a ellos mismos en un entorno ciertamente extraordinario, y en clave comedia, dejaba a la película en un terreno inmediatamente distinto a sus potenciales competidoras. No necesariamente algo novedoso, pero sí especialmente interesante, considerando a sus participantes.
En
término narrativos, la historia de This
is the End es bastante simple: Jay Baruchel viaja a Los Angeles a
encontrarse con su amigo Seth Rogen, quienes finalmente deciden asistir a una
fiesta llena de celebridades en la nueva casa de James Franco. Sin embargo,
nunca se imaginaron que en plena celebración estaba por desatarse el mismísimo
fin del mundo, donde apenas un puñado de los invitados deberán esforzarse por
sobrevivir (y aguantarse) en el interior del hogar de Franco.
Esta
simpleza narrativa es justamente la gran falencia de la película dirigida por
Evan Goldberg y Seth Rogen. Lo que en un principio es su punto fuerte (ver a
celebridades en situaciones hilarantes y hasta absurdas) se va diluyendo
conforme avanza lo poco que hay de historia. Una vez finalizado el primer acto,
prácticamente no hay más historia hasta ya bien entrado el tercero, y por ende
no avanza, haciendo que la película caiga notablemente en ritmo e interés, e
incluso con unos pasajes totalmente innecesarios. Sin embargo, da la sensación que
los mismos realizadores están muy al tanto de esto, jugándose finalmente todas
sus cartas en las interacciones entre los integrantes del elenco, y es aquí
donde la película triunfa notablemente. Ante la carencia narrativa, la película
se la juega con las habilidades de sus propios actores, donde la química entre
ellos resulta fundamental. El elenco sabe que están poniéndose en ridículo bajo
un entorno extraordinario, y se nota que están todos de acuerdo en llevarlo al
límite (aunque con distintos grados de éxito). Prácticamente todo lo bueno de
la película radica en los one-liners
de lo que los actores hacen gala, tanto sobre ellos mismos, como del resto.
Es
por estas razones que This is the End
resulta una película que vale la pena ver: más allá de lo que cuenta, e incluso
el cómo, están los encargados de mover los hilos. Es posible afirmar que con
otro elenco la película habría fallado miserablemente: en una obra donde
claramente la historia no es su fuerte, todo el peso se lo llevan los actores. Finalmente,
esto hace que la película esté planteada de forma muy hábil e inteligente, sabiendo
donde potenciar sus ventajas, lo cual la hace una muy buena comedia para pasar un
buen rato.
Trailer:





