Antes de comenzar de frentón con este comentario, necesito confesar algo: desde algo así como un año y medio que soy fanático de la protagonista de The East, Brit Marling. Desde que por esas casualidades de la vida me topé con la tremenda Another Earth que le sigo la pista en sus proyectos (aunque nunca tan psicópata). Esa parada suya de decir “si no encuentro roles que me gusten, me los hago yo” es tan admirable como valiente. La chiquilla no sólo le actúa, sino le escribe y le produce. Grande. Brit, cuando andes por Chile, te invito una chorrillana. Fin de la confesión.
Desde un comienzo, la película se esfuerza por exponerse ante su audiencia como una historia socialmente relevante, y a pesar de lo innecesaria de la primera escena, lo consigue. El problema radica en la ejecución, donde el primer acto se siente como inseguro y va dando tumbos hasta que nos enfrentamos al primer punto de giro de la narración. La presentación del grupo eco-terrorista es particularmente problemática, considerando su importancia: se nos presentan como un montón de hipsters que de repente decidieron que era demasiado mainstream vivir como el resto de la gente, así que hicieron su propia forma de vivir con juegos de azar y mujerzuelas. Lo cual por supuesto que no tiene nada malo, pero a primera vista eso los hace parecer más un grupo de poseros alternativos , que uno realmente indignado con lo que ocurre en el mundo y con ganas de actuar.
Afortunadamente la película va de menos a más, y conforme más se desarrolla la historia, más satisfactoria resulta la experiencia. Se nota que los realizadores pusieron harto esfuerzo y cuidado de no irse tras ninguno de los dos “bandos”, pero a la vez, esa misma neutralidad y búsqueda de objetividad en la temática termina restándole en lo que se refiere a la identificación de personajes e intensidad dramática. Es recién en el tercer acto donde se desarrolla un mayor lazo emocional con los personajes, y por ende, la historia demanda una mayor capacidad para involucrarse e inmiscuirse en el universo de la película.
Desligado de lo anterior, y esto muy desde lo personal, resulta muy interesante el hecho de que la mejor escena resulte también la más prescindible, como es el caso de la escena del juego de la botella. Una maravilla de escena que en realidad no hace avanzar la historia, pero sí nos permite conocer mucho de los personajes, aunque muy sutilmente.
The East finalmente resulta en una película no muy memorable, aunque sí por sobre la media. Tiene unas cuantas grandes escenas, y su elenco en general está bastante sólido en sus roles. De igual forma, a pesar de lo irregular que resulta algunas veces, es necesario destacar la habilidad del director para manejar la tensión en varias escenas, lo cual, sobre todo teniendo en cuenta que la película es esencialmente un thriller, resulta fundamental. Entre las dos colaboraciones (de muchas otras más, espero) de Brit Marling con Zal Batmanglij, personalmente encuentro a su anterior película Sound of my Voice, muy superior.
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